viernes, 21 de octubre de 2016

Viernes

Soy una mariposa muerta mecida por un remolino de viento. Soy unas piernas que caminan sin bragas y se sientan en esta silla para escribir. Sin guía, sin amo. El sexo desnudo, soy lágrimas de tristeza, después del dolor.

Invade la habitación el olor del pan recién hecho, no tu olor, ese ya se fue hace semanas. Tu duda, tu idiotez, esa es tu sombra ahora. No logro masturbarme sin pensar en ti. Me vienes a la cabeza como colofón final, aunque durante el hilo de placeres fuera otro rostro el que apretujaba entre los muslos.

Me han dicho que escriba todo lo malo que viví contigo y la verdad es que no sé por dónde empezar. Qué cabrón fuiste. Qué puto desastre. Tanto, que no sé por qué te mantengo en el recuerdo, ocupando un lugar que sólo debería cubrir conmigo, con mi propio ego. A mí no se me arrastra, no se me patea en los momentos de debilidad, no se me menosprecia, y aunque yo te lo permitiera porque ya era un amasijo de carne carente de razón, tú fuiste la mano que controla, la voz que apaga y la última palabra pronunciada antes de un terremoto de lágrimas y de conversaciones circulares asquerosas.

Las rupturas. Éso es todo. No es más que una ruptura, una aceptación de que ya no serás más, de que ya no "seremos" un futuro. Aunque siempre me veía contigo más en el presente que en el futuro. La intuición aunque aparentemente muerta, creo que a veces me advierte de algo.

¿Crees que te marcharás ya? Quédate un poquito más... Ven, ¿me das un masaje? ¿Me abrazas un poco? ¿Por qué no fuiste como yo quería que fueras? ¿Has vuelto a fumar? Yo me he acostado con alguien en tu ausencia, no me mires así, he dejado de ser esa Lluvia que conocías. Si, yo también te quiero, y llevas razón no deberíamos estar haciendo ésto, pero me pones tanto, pero te he echado tanto de menos, pero me aterra tanto enfrentarme a la vida, pero estás tan solo, pero quiero protegerte de una puta vez sin que me recrimines, ni me apartes, ni me odies, ni me maltrates. Sólo quiero cuidarte, como el hijo que nunca tendré, como la madre que ya no tienes. La pareja perfecta.

Vale, vete, vete una vez más. Empecemos otra vez la cuenta de días sin hablar. Ese número que tantas veces hemos tarareado, que tanto vértigo nos da. Vete. Ojalá que se me olvide pronto tu espalda, tu forma de caminar. Lluvia, acuérdate de lo malo, no seas tonta, no te dejes llevar. no lo engrandezcas. olvídate ya de sus manos, de cómo se movía por tu cuerpo. Para. Para.

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